Mi historia…

 

Todo empezó cuando me di cuenta de que realmente había encontrado el equilibrio entre vivir de una manera saludable y ser feliz conmigo misma.

 

Estudié Psicología en Valencia, y verás, aunque cursé unas prácticas en una clínica de Trastornos de la conducta alimentaria muy buena de mi ciudad, nunca supe cómo equilibrar esa balanza entre felicidad y comida.

 

Siempre pensé que comer sano era sinónimo de estar a dieta, de pasarlo mal para adelgazar “una época de tu vida” y ya está (a veces esas etapas son días o como mucho semanas).

 

Siempre me consideré una niña normal, obviamente mi preocupación no era la comida sana, yo comía lo que había en casa y lo que me apetecía.

 

Pero con la entrada en la adolescencia ya empecé a observar cambios en mi cuerpo (me crecieron los pechos, las caderas se me ensancharon, y al ser bastante bajita tenía un poco de complejo, pero nada serio).

 

Aun así, el tema de la alimentación ni me llamaba. Simplemente seguía la rutina de mi familia, como todo niño.

 

Cuando ya entré en la universidad vestía con ropa ancha porque me gustaba, sólo me arreglaba y me ponía guapa cuando salía de fiesta con mis amigas (eso era todo un ritual!!!). Pero nunca he sido una chica de preocuparme mucho por qué ponerme.

 

Al cabo del tiempo, quizás con 24 años (no recuerdo exactamente el punto de inflexión), empecé a leer cosas sobre alimentos, a preocuparme más por el físico, a cuidarme más en general.

 

Llevo desde los 14 años bailando y desde pequeñita jugué a volley, por lo que hacer ejercicio físico siempre ha formado parte de mi vida. Nunca me ha gustado estar en el sofá horas, me desespero y necesito salir aunque sea a dar un paseo.

 

Me fui de casa unos meses para cursar otras prácticas (esta vez del Máster de Psicología de la Salud) en una clínica muy buena de Málaga.

 

Era la primera vez que me iba tanto tiempo fuera de casa y claro, eso suponía comprarme yo la comida, cocinarme y aprender ciertas cosas de mujer independiente (he de confesarte que alguna llamada a mi madre siempre caía!).

 

El caso es que empecé a investigar qué tipo de alimentos era mejor tomar por la noche, qué era mejor desayunar, cómo era mejor cocinar determinados productos, si tomar fruta engordaba…

 

Y empecé a encontrar un montón de información por internet que se contradecía, un montón de mitos que empezaron a formar parte de mi alimentación porque no contrasté y me los creí todos, repito TODOS!

 

Recuerdo que cuando volví de Málaga, mi chico me acompañó a una nutricionista porque por desgracia empecé a encontrarme muy cansada y yo sabía que era por la alimentación.

 

Me hice unos análisis y aunque me salió algo de anemia, no fue nada alarmante. Por lo que recurrí al trabajo de un especialista para que me enseñara a comer sano pero al mismo tiempo ganar energía.

 

Después de medirme, pesarme, etc., me hizo una entrevista en la cual me preguntaba mis hábitos, qué tipo de alimentación me gustaba, si hacía deporte… lo típico que necesita saber un nutricionista para saber cómo ayudarte.

 

Me acuerdo que esa entrevista terminó con una frase suya: “pero Candela, si tú ya comes bien, no sé cómo ayudarte.

 

La gente de normal viene aquí para aprender a comer pero tú ya lo haces  bien”. Lo único que añadió fue: “si quieres tener más energía quizás deberías comer más cantidad”.

 

Y yo pensé: ¿más cantidad? Pero si yo no quiero engordar!!! Y me fui de la consulta un poco con la mosca detrás de la oreja…

 

El caso es que no volví porque no resultó ser lo que esperaba y tampoco me dio unas pautas acertadas para mí.

 

A lo largo de toda mi vida he ido viendo cómo gente de mi alrededor (familia, amigos, conocidos, famosos…) hace dietas del tipo “hiperproteicas” “ayunos” “bajas de carbohidratos” “batidos milagrosos”… y aunque he de confesarte que yo también las he probado, ninguna me funcionó. 

 

Me cansaba, me frustraba ir al menú y ver que por ejemplo para comer hoy tenía pescado y espárragos, que todos los días desayunaba lo mismo. Me aburría y lo peor de todo es que me restringía muchísimos alimentos.

 

Tengo la suerte de que nunca he sentido ansiedad por la comida pero eso no quita que cuando en mi menú ponía de merienda un yogur yo pensaba en galletas de chocolate.

 

Y además, (y yo creo que la peor parte de todas…) llegaba a renunciar a cenas con amigas o compromisos sociales cuando ello suponía “saltarme la dieta”.

 

De repente, empecé a entender que para cambiar mi cuerpo y cuidarme, debía empezar por quererme a mí misma y simplemente hacer las cosas de otra manera, partiendo de la base de querer conseguir una versión de mí pero mejorada.

 

Fue entonces cuando empecé a seguir en Instagram a gente relacionada con la nutrición y el deporte, a investigar por mi cuenta y a PROBAR (si quieres conocerlos, haz click aquí).

 

Porque siento decirte que no existe una fórmula mágica. Y que simplemente lo que a una persona le ayuda, a otra persona no le produce ningún efecto.

 

Empecé a comprobar que todos aquellos mitos que un día entraron por mis ojos hasta quedarse grabados en mi cerebro, no tenían ningún sentido (como que las grasas son malas, que los hidratos de carbono por la noche engordan… etc.).

 

Empecé a comprobar que llevando unos buenos hábitos no sólo estaba cambiando mi cuerpo, sino también mi mente.

 

Y de repente todo el mundo empezó a decirme que cuánto peso había perdido, que cómo lo había hecho, que qué tipo de dieta seguía…

 

He de reconocer que hubo un punto en el que me obsesioné con esto de “comer sano” y cuando me salía de eso me sentía mal (cuando me iba de viaje, los fines de semana)… 

 

No era un problema grave pero no llegaba a cuajar en mí la idea de que si llevaba unos buenos hábitos en general, por comer diferente unos días (o un mes entero) no pasaba nada.

 

Quiero decirte que hoy por hoy tampoco me caliento la cabeza pensando en qué ponerme pero esta vez ¿sabes por qué es? porque cuando me veo en el espejo me ENCANTA lo que veo, quiero a mi cuerpo y me quiero a mi.

 

Todas las mujeres tenemos cosas que nos gustan más o nos gustan menos de nosotras mismas.

 

Pero hoy puedo decir que estoy orgullosa de mi, de haber encontrado este equilibrio entre comer sano, aprender a cocinar, volverme crítica con los mensajes que manda la sociedad, aprender a comer, a disfrutar de mis caprichos, a mimarme, a hacer deporte, a disfrutar de mi vida social, de mi gente, de viajar, de bailar, de la naturaleza, los animales… en definitiva, de mi VIDA!!!

 

¿Y tú? ¿En qué punto te encuentras? ¿Te sientes identificada conmigo en algún punto de mi historia? Quizás hayamos vivido cosas parecidas y me gustaría conocer tu historia y por qué estas aqui! Será un placer para mí. 

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