Hábitos, costumbres, maneras de cocinar, alimentos prohibidos, infinitas dietas, comparaciones con otras personas…

Cuántos conceptos somos capaces de relacionar con el hecho de llevar una vida saludable, ¿verdad?

¿Y cuántos de ellos son verdad, otros son mitos y otros dependen de uno mismo?

 

Hoy vengo a hablarte sobre la verdad, sobre lo que conlleva que tu vida cambie de una vez por todas. Priorizando tu salud física y mental, teniendo en cuenta que tu historia será diferente a la mía, por eso me gusta hablar desde mi experiencia.

 

La realidad que vivimos hoy en día es bien diferente a la de hace años atrás. Por suerte o por desgracia (depende de cómo lo veamos) contamos con infinitas posibilidades de búsqueda de información acerca de llevar una vida saludable.

 

He de decirte, que me sorprende que la mayoría de personas que busca cuidar su alimentación lo hace por un mero hecho físico (buscando cuerpos perfectos). Y esto me entristece un poco…

 

Resulta que hasta que no nos vemos peor en el espejo, nos sentimos mal porque la ropa de antes no nos viene o porque el médico nos dice que el colesterol nos ha subido, “no hay un motivo por el que llevar unos buenos hábitos de vida”.

 

Y es por esto que muchas personas recurren a profesionales exclusivamente “para adelgazar”.

 

Bien es cierto que existen casos en los que adelgazar es una prioridad, porque por salud, ese debe ser su objetivo. Pero en muchos otros casos no lo es. Y  debemos aprender a diferenciar. Es nuestra responsabilidad.

 

Volviendo al tema del exceso de información, creo que para que una persona esté bien informada debe aprender a diferenciar qué está leyendo. Y si esa información viene de una fuente creíble o no.

Desde luego ya te adelanto que los típicos remedios como el agua con limón o alimentarte de café con leche durante todo el día, no son buenas opciones. Pero aún hay gente que lo intenta…

 

El no saber cómo empezar, el haberlo intentado muchas veces, el no sentirme capaz y darme por vencida, son factores que influyen mentalmente en nuestra capacidad para iniciar (y mantener) un estilo de vida saludable.

 

Lo que parece que sí está cambiando un poco es la mentalidad de las personas respecto a que lo adecuado es aprender a construir hábitos nuevos, y restarle importancia a las típicas dietas (aún hay mucho trabajo por delante, pero parece que la situación está cambiando poco a poco).

 

Veo mucha gente que tiene la voluntad, intenta informarse y probar. Pero existen errores que no tenemos en cuenta a la hora de empezar, y como el ser humano es así de ambicioso e impaciente, nos lanzamos a la piscina y cuando no vemos cambios a corto plazo lo mandamos todo a paseo.

 

No tenemos paciencia, no sabemos esperar, nadie nos enseña a parar y pensar que los cuerpos son diferentes, y por tanto, el proceso de cambio también.

Por eso creo que es importante hablar de la verdad, y de que esta verdad influya en tu idea de cambio, de manera que te relajes y te tomes las cosas de otra manera…

 

MIS VERDADES COMO TEMPLOS

  1. Quien te diga que no vas a querer recuperar viejos hábitos, se equivoca.
  2. Comer, hacer deporte y descansar son los tres pilares.
  3. La comida natural es la clave.
  4. Objetivos claros, medibles y realistas.
  5. El estrés y su boicot al cuerpo.
  6. La cocina se convertirá en un hobbie.
  7. Estilo de vida VS obsesión
  8. Momento ir al supermercado y que te acabe doliendo la cabeza
  9. Acabas disfrutando de lo que haces
  10. No comes menos ni comes siempre lechuga-pechuga
  11. Aprendes a priorizar.
  12. Paso a paso

 

1. Quien te diga que no vas a querer recuperar viejos hábitos, se equivoca.

Hábitos, costumbres, lo que aprendemos de nuestra familia, información que leemos y recibimos de los medios de comunicación, de redes sociales…

 

Todo esto cala en nuestro inconsciente, ¿o crees que toda esa información a la hora de hacer la compra por ejemplo no nos influye?

Estamos programados para seguir aquello que está establecido y a lo que estamos acostumbrados. Por lo que realizar algún tipo de cambio no nos viene bien.

 

Habrá como una especie de resistencia, y por mucho que yo sepa que ese cambio va a ser beneficioso para mí, la resistencia luchará para que mantenga el equilibrio de lo establecido, y no lo ponga en peligro.

 

Por eso, sobre todo al principio cuando vemos que nos cuesta más de lo que esperábamos, y si no vemos cambios reales en el cuerpo que nos motiven a seguir (refuerzo externo), querremos volver a los hábitos de siempre.

 

No estoy preparada mentalmente, no me merece la pena aún, no es un buen momento.

 

¿Te suenan?

Estas frases se llaman autoexcusas. Y su función es proteger nuestros antiguos hábitos. Para mantener ese equilibrio del que te hablaba.

 

No te preocupes, nos pasa a todos. Actúan de manera instintiva. Pero hay que luchar contra ellas para que no repercutan en nuestra decisión de cambiar a mejor.

 

Por eso, será normal pensar: “me doy por vencida, yo vuelvo a lo de antes que era lo fácil, no es el momento ahora de hacer cambios en mi vida”. Será un camino largo, con sus momentos buenos y malos, y momentos de aprendizaje y superación.

 

2. Comer, hacer deporte y descansar son los tres pilares.

Aquí están, te presento a las tres mellizas de los hábitos saludables.

 

Para mí no existe una sin las otras.

 

Verás, existen 3 tipos de personas:

  1. Las que después de hacer ejercicio comen sin pensar lo que les da la gana porque total “me lo he ganado en el gimnasio”.
  2. Las que piensan constantemente en quemar lo que comen.
  3. Las que encuentran un sentido y un equilibrio a hacer ejercicio y comer de manera equilibrada pensando en su salud.

 

Casualmente, las personas que comen de manera adecuada y hacen ejercicio disfrutando del proceso y de ese tiempo invertido, suelen descansar mejor porque “tienen un motivo”. Al cuerpo hay que darle razones para que descanse, y qué mejor manera de hacerlo que mantenernos activos durante el día.

 

Es como un círculo vicioso. Si como bien, tendré fuerzas para hacer ejercicio, y si hago ejercicio descansaré mejor.

 

Te recuerdo que no hace falta apuntarse al gimnasio para hacer deporte. Tenemos muchísimas opciones, pero si desde luego ir al gimnasio puede ser una motivación para moverte, adelante!

 

También es importante mantenernos activos diariamente. Subir escaleras, ir andando a cualquier parte, levantarnos de la silla de la oficina para estirar los músculos…

 

 

3. La comida natural es la clave.

En muchas dietas se empeñan en restringir alimentos como los hidratos de carbono (de los cuales hay un montón de mitos…), cuando la verdad es que deberíamos empezar por eliminar primero alimentos ultraprocesados.

 

Muchas personas dejan de comer plátano, pasta, arroz o patata, mientras buscan en el súper “las mejores galletas con fibra del mercado”.

 

Nuestro cuerpo necesita comida real, comida de toda la vida, y nunca la comida preparada o ultraprocesada podrá sustituirla.

 

Todo en su justa medida, comiendo lo que mi cuerpo necesite dependiendo del día y sabiendo cómo afecta esto a mi rutina.

 

Claro está que por ejemplo, para una persona que tiene como objetivo una pérdida de grasa, necesitará mantener un déficit calórico diario. Pero no restringiendo y eliminando nutrientes necesarios. Sino eliminando grasas perjudiciales, productos ultraprocesados, azúcares y fritos, bollería industrial…

 

La clave será llevar una dieta que se pueda mantener a lo largo del tiempo, con proteínas de calidad (tanto animal como vegetal), hidratos de carbono complejos y grasas saludables, en una proporción adecuada.

 

Y llenar nuestra nevera de productos frescos, de temporada, lo más natural posible.

Tener siempre fruta a mano, frutos secos, alimentos lo menos procesados posibles.

 

4. Objetivos claros, medibles y realistas.

El problema es cuando queremos empezar a construir Roma en un día.

 

Cuando pensamos que cambiar hábitos es como una fórmula mágica que supondrá algo de esfuerzo pero “no mucho”.

 

La realidad es que lo ideal sería tener en cuenta al principio que algo sí que cuesta, pero como todo lo que cuesta esfuerzo y trabajo en esta vida, merece la pena.

 

No es lo mismo plantearme cambiar de estilo de vida repentinamente que ir modificando hábitos poco a poco, pero que el  cambio se mantenga en el tiempo.

 

Por eso, lo mejor que podemos hacer es ir incorporando nuevos hábitos que sustituyan a los que queremos cambiar poquito a poco. Y ser MUY específicos.

 

Es decir, no es lo mismo decir: “quiero empezar a comer sano” que decir “quiero empezar a comer más verdura”. Cuanto más específicos seamos, mejor.

 

Ten en cuenta que el que se encarga de todo este proceso es el cerebro. Y el cerebro ya tiene demasiadas tareas como para adivinar qué es para ti “comer sano”. Por lo que si haces más específica esa frase, encontrarás antes la manera de alcanzar tu objetivo.

 

Además, para que ese cambio se dé en tu vida, piensa en repetirlo varias veces, para que le encuentres un sentido y tu cerebro lo acabe haciendo de manera automática.

 

Pongamos el ejemplo de una persona que tiene 2 objetivos:

  1. Beber más agua
  2. Comer más fruta

Mi consejo sería el día que empiece con ese cambio, que lleve siempre una botella de agua encima y vaya bebiendo a lo largo del día, o que se ponga algún tipo de fruta como limón o menta, para darle sabor y que le apetezca más beber.

 

Al día siguiente lo mismo, y añadiendo la acción de comer más fruta. Como por ejemplo llevando una manzana o un plátano en el bolso o mochila, para que pueda echar mano de ella cuando le entre el hambre.

 

Es decir, si queremos cambiar varios hábitos, lo ideal es ir añadiéndolos. E ir practicándolos todos los días.

 

5. El estrés y su boicot al cuerpo.

Seguramente hayas oído del estrés, incluso me atrevo a decir 100% que lo has experimentado.

 

El estrés es una respuesta de nuestro cuerpo y se origina en la relación entre las demandas del ambiente y nuestros recursos personales.

 

Cuando hay un desequilibrio entre lo que el ambiente nos demanda y lo que nosotros pensamos que podemos hacer para hacernos cargo de ellas, es cuando entran en juego los síntomas del estrés.

 

No es más que una respuesta de nuestro cuerpo para mantenernos alerta y poder atender todas las exigencias de nuestra vida.

 

¿Qué pasa? que es incómodo.

 

Nos hace estar en un estado que no nos resulta agradable, y lo complicado es que podemos pasarnos así mucho tiempo, el que nosotros decidamos.

 

Por norma general, una vez superada la situación estresante puntual, volvemos a la normalidad. Pero cuando el estrés se mantiene durante un periodo considerable de tiempo, podemos notar síntomas como apatía, fatiga, irritabilidad, sensación de embotamiento…

 

El estrés puede hacer que nuestro apetito se vea alterado (por exceso o por defecto).

 

Pero la responsabilidad no es del estrés, sino de uno mismo.

 

Con esto quiero decir, que como personas que somos, en un momento dado podemos encontrarnos en la situación de no saber cómo afrontar una situación y no por ello somos más débiles. Pero en ese caso, lo ideal es buscar ayuda profesional (un psicólogo). Para aprender técnicas que nos ayuden a sobrellevar y convivir con el estrés.

 

Hormonalmente también afecta. ¿Te suena el cortisol? Pues es la hormona del estrés. Nuestro cuerpo la libera para que nos mantengamos alerta y podamos hacer frente a las situaciones que nos atormentan.

 

Por lo que mantener unos niveles estables de esta hormona (demostrándole a nuestro cerebro que aunque hay situaciones delicadas, nosotros tenemos técnicas y soluciones para hacerles frente), mejorará nuestro estado de salud.

 

6. La cocina se convertirá en un hobbie.

Ya sabes que desde que yo misma inicié mi propio cambio de vida, me encanta pasar tiempo en la cocina probando recetas nuevas, indagando, experimentando, modificando algunas con ingredientes más saludables… Y eso que a mí nunca me gustó cocinar.

 

Tampoco es que me hiciera falta aprender, ya que yo comía lo que se cocinaba en casa y nunca me planteaba hacer la comida por mi cuenta.

 

Con este cambio, aprendí a que una de las cosas más importantes es cocinar comida saludable que a uno mismo le resulte apetecible. Ya que por mucho que nos empeñemos en pensar que comer sano es seguir una dieta de “pechuga, lechuga, piña…”, es totalmente falso.

 

Comer sano va muchísimo más allá, pero para ello hay que querer intentarlo.

 

Yo empecé a seguir a gente en redes sociales que se dedicaban a compartir recetas sanas, con una pinta riquísima. Así que me puse manos a la obra y empecé a convertir algunas recetas en “mías” (haciéndolas a mi gusto y para disfrutarlas YO).

 

Y así, poco a poco, me empezó a gustar pasar tiempo en la cocina, porque luego disfrutaba de lo que había preparado, sabiendo que encima estaba cuidando a mi cuerpo.

 

También creo que es importante hacerlo bonito. Dedicar tiempo para coger algún plato bonito, hacer del espacio donde comas un sitio agradable. Para poder hacerlo con tranquilidad y disfrutando de ese tiempo.

 

7. Estilo de vida VS obsesión

Debo reconocer que en este punto existe una línea muy delgada. Querer llevar un estilo de vida saludable muchas veces significa un choque para la gente de tu alrededor. Y supone un cambio importante.

 

Por ejemplo, si tu entorno está acostumbrado a que a la hora de merendar se meriende un batido de chocolate ultraprocesado y bollería industrial, eres tú la que deja de hacer esas cosas. Para aprender a merendar cosas más interesantes a nivel nutricional.

 

Pero como todo cambio cuesta, al principio nos volvemos un poco obsesivos y controlamos absolutamente todo lo que comemos. Llegando a restringir alimentos porque “pensamos que es lo adecuado”.

 

Con esto no quiero decir que merendar bollería industrial sea lo adecuado, pero si dejas de hacerlo de la noche a la mañana pensando en eliminarlo de tu vida para siempre, esto puede generarte una ansiedad y unas ganas de controlar tu ambiente en exceso.

 

Lo ideal es aprender a que hay alimentos que es mejor no consumirlos (porque desplazamos sin querer otros que nos aportan muchísimos más beneficios), pero que no va a pasar NADA si los consumes alguna vez.

 

Me encanta hablar de la palabra equilibrio. Y sobre todo creo que en este proceso debe haber un equilibrio mental. Para aprender a darle prioridad a unas cosas antes que a otras.

 

Yo cometí errores como dejar de salir a cenar con gente de mi entorno si eso suponía cenar en un sitio donde la comida no era sana. ¿Crees que esto es saludable a nivel psicológico? ¿Cuando igual salía a cenar un sábado por la noche?

 

Me he dado cuenta con el paso del tiempo que la comida real también puede generar obsesión. Y que aunque mi día a día se basa en ella, hay momentos donde disfruto comiendo lo que simplemente, me da la gana!

 

8. Momento ir al supermercado y que te acabe doliendo la cabeza

A mi me pasaba. ¿Qué debo comprar? ¿Qué puedo evitar e ir apartando de mi dieta poco a poco? Bueno… realmente esto es algo más intuitivo. Y aunque creo que es importante hacer una buena lectura de etiquetas cuando elegimos productos en el súper, al final lo ideal es aprender a comprar en función de a lo que mi cuerpo le sienta bien.

 

Y para ello hay que aprender a escucharlo.

 

En los medios nos recomiendan comprar productos bajos en calorías, que regulen nuestro tránsito intestinal, que mantengan a raya el colesterol, bajos en sal, sin azúcares añadidos…, etc.

 

Por otra parte, la literatura científica nos indica hoy en día que el consumo de huevos no es tan perjudicial como decían, que los lácteos es mejor tomarlos enteros, que tomar hidratos de carbono por la noche no engorda…

 

Por lo que hay muchas contradicciones y aquí es donde debemos volvernos nosotros críticos.

 

Partiendo de la base de que a la industria le interesa que consumamos más unos productos u otros, y de que hay asociaciones por ejemplo pediátricas que recomiendan el consumo de galletas industriales (eso sí, poniendo que hay que mantener hábitos de ejercicio físico…), personalmente confío cada vez menos en ellos.

 

La ciencia es la que dice la verdad. Mucha gente se pasa años investigando para luego tener unos resultados. Pero “no sale rentable”, no interesa a la industria. Así que mediante la publicidad nos la meten doblada.

 

Para ello, importante mantenernos informados mediante fuentes fiables e intentar hacer un consumo responsable de los alimentos.

 

9. Acabas disfrutando de lo que haces

“Tienes que decirme qué dieta estás haciendo”, “eso tendría que hacer yo, comer más ensaladas”, “qué guapa te veo”.

 

Estas frases las llevo escuchando bastante tiempo.

 

Te mentiré si te digo que no me halagan (a veces somos así de tontas!). Pero sí, estoy contenta porque yo también me siento guapa, pero desde dentro.

 

Hasta que mi entorno entendió que yo no “hacía dieta”, costó bastante… Y mi contestación era: “si yo no hago dieta, simplemente estoy aprendiendo a comer”. Pero claro, inevitablemente mi cuerpo cambió.

 

Para mí no supuso ningún trauma, ni fue un proceso costoso, la verdad. De verdad que encontraba (y encuentro) el placer en comer sano.

 

Ahora cuando un día como lo que me da la gana, no me arrepiento ni me siento mal, disfruto de esa comida como una enana. Igual que disfruto comiendo de manera saludable. Esas dos partes tienen un equilibrio y un sentido, y no espero a “el sábado noche”.

 

No me reprimo durante toda la semana, restringiendo alimentos a saco. Solo he encontrado la manera de comer alimentos que me gustaban y me gustan, en su justa medida.

 

Por ejemplo, nunca dejaré de comer chocolate (me encanta). O nunca dejaré de comer pizza. Pero si hay otras maneras de cocinarla, me decantaré por ella. Y reservaré para otra ocasión una pizza de pizzería italiana.

 

10. No comes menos ni comes siempre lechuga-pechuga

Esto es muy importante entenderlo. Incluso una persona que quiere adelgazar. No se trata de comer menos cantidad, sino de la elección de tus alimentos.

 

Para ello, hay infografía muy buena sobre la comparación entre la combinación de alimentos y sus calorías (por ejemplo, ¿es lo mismo comerte un paquete de donettes y un batido de chocolate industrial que comerte 3 kilos de melón?). Pues… tienen las mismas calorías pero NUNCA será lo mismo.

 

Hay alimentos que aunque son sanos, tienen bastantes calorías (el claro ejemplo de los frutos secos), pero eso significa que tengamos que eliminarlos? Para nada…

 

Como bien comentaba antes, una persona que quiera perder grasa, necesitará mantener un déficit calórico diario. Pero eso no significa exclusivamente comer menos. ¿Dónde está el ejercicio físico?

 

Esa gente que piensa que “si como menos no hace falta que haga deporte, adelgazaré igual”, a lo mejor le sirve a corto plazo… Pero dudo que eso se mantenga en el tiempo.

 

Al cerebro le impacta si pasamos de comer un plato grande a ir quitando grandes porciones de comida. Así que ojito!

 

Me encanta la frase “no es comer menos, es comer mejor”. Yo personalmente me siento muy identificada. Y por supuesto, como bien te contaba antes, comer sano es muchísimo más que comer lechuga-pechuga…

 

11. Aprendes a priorizar.

Cuando hablo de priorizar, me refiero a que aprendes a planificar tus quedadas con amigos, comidas familiares… y a llevar un control para no sentir que todo se desborda.

 

En España nos encanta comer, eso es así. Cualquier excusa es buena para reunirnos delante de una mesa y pasar un rato juntos comiendo.

 

Ya sea en restaurantes, en casa… Por eso, en época de mucha actividad social podemos sentirnos mal al comer o cenar muchas veces fuera.

 

En la medida de lo posible, está bien que incluso llevemos nosotros algún plato más saludable, para contagiarlo a la gente de nuestro entorno. O que hagamos buenas elecciones si salimos fuera. 

 

Pero ante todo no dejes que la comida sea un problema en tu vida social.

 

Recuerda que la salud no es solamente la ausencia de enfermedad. Sino un estado de bienestar físico y mental, que incluye que una persona tenga un buen nivel de actividad, social, familiar, laboral…

 

Y aunque no me gusta hablar de la palabra “compensar”, aprende también a ajustar tus cantidades necesarias. Si por ejemplo sabes que esta noche te vas a una hamburguesería buenísima y vas a disfrutar de una buena cena, a la hora de comer intenta hacerlo algo más ligero. Para no sobrecargar tampoco a tu cuerpo en un mismo día.

 

Si por ejemplo te vas de vacaciones, lo normal es que disfrutes esos días y no estés pensando todo el rato en la comida. A tu vuelta ya recuperarás una normalidad y unos buenos hábitos. Pero no hagas cosas raras cuando vuelvas!

 

12. Paso a paso

Sobre todo, no tengas prisa. No quieras conseguir modificar lo que llevas haciendo tantos años en días o semanas…

 

Sé realista. Para aprender a modificar todas esas costumbres puedes estar bastante tiempo. Lo bueno es que enseguida notas cambios en tu cuerpo (a nivel físico pero sobre todo mental).

 

No intentes copiar lo que a otros les funciona. Puedes cogerlo como guía si al principio estás muy perdida, pero intenta diseñar tu propio plan. Algo que te funcione a ti y seas capaz de mantenerlo toda la vida.

 

La motivación es algo importante en el proceso, por eso es muy importante mantener unos objetivos claros y te refuerces a ti misma cuando alcances logros. Por pequeños que parezcan, prémiate a ti misma!

Y no te preocupes si te entran dudas, recuerda que es lo normal.

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