A veces, comer fuera de casa puede parecer un problema si nuestro objetivo es cuidar la línea.

 

¿Tú también te has visto en la situación de cancelar algún plan social por no querer saltarte la dieta?

 

Mi objetivo con esta guía es que aprendas a elegir aquellas opciones que mejor te vengan, sin necesidad de rechazar un plan social (ya sabes que en España nos encanta celebrar cualquier tipo de acontecimiento con comida).

 

Ya sea un bautizo, un cumpleaños, una boda, una simple quedada entre amigos, un domingo familiar… Nos encanta comer, y es que realmente comer es un placer, por eso a la mínima queremos aprovechar para probar sitios nuevos, ir a aquellos restaurantes que nos encantan…

 

El problema viene cuando no sabemos por qué opciones decantarnos para intentar no salirnos mucho de lo saludable.

 

No hablo de un día en el que te apetece comer o cenar fuera de casa y te quieres dar un capricho (ese es otro tema). Porque soy fiel defensora de que esos días comas lo que te apetezca. Hablo de que por falta de tiempo, por el trabajo… quizás a ti también te ha pasado tener que hacer comidas fuera y eso te genera una preocupación.

 

Y claro… si esto se repite varias veces a la semana, se puede hacer complicado hacerlo de manera healthy… ¿o no?

 

Según un estudio realizado en Cambridge, la mayoría de restaurantes carga sus platos de grasas saturadas, sal, azúcares… lo que hace más delicado la toma de decisiones adecuada.

 

Por eso mismo lo mejor es tomar conciencia y saber elegir, con cabeza y disfrutando al mismo tiempo.

 

VENTAJAS E INCONVENIENTES DE COMER FUERA DE CASA

 

 

VENTAJAS:

1. Pruebas comidas nuevas. 

2. Puede resultar menos rutinario.

3. Estás en un ambiente diferente.

4. Descubres recetas para hacer en casa.

5. No tienes que cocinar tú ni que recoger o fregar los platos.

 

 

INCONVENIENTES:

1. De normal resulta más caro que si te cocinaras en casa y te llevaras un tupper.

2. Muchas veces desconocemos cómo han cocinado esos alimentos.

3. Desconocemos también la procedencia de éstos.

4. En ocasiones no sabemos hacer una buena elección de los platos.

5. Es más probable que comamos más de lo que nuestro  cuerpo necesita.

 

 

CÓMO HACER UNA ELECCIÓN INTELIGENTE

 

Entramos en el meollo de la cuestión…

 

1. Mira bien la carta, incluso algún día antes de ir al restaurante elegido.

 

Por suerte, cada vez existen más restaurantes con una conciencia alimentaria, que se dejan aconsejar por especialistas y realizan unas cartas bastante saludables.

 

También es cierto que todo el movimiento healthy se ha puesto de moda y ahora contamos con más lugares donde las recetas son sanas a la vez que elaboradas, la estética de los restaurantes acompaña siendo tranquila, transmitiendo paz y buen rollo.

 

A mí personalmente me encanta descubrir sitios nuevos a la vez que disfruto de una comida sana y rica.

 

También es verdad que en muchos restaurantes, pueden arreglarte un plato “a tu elección”. Tanto si es debido a una intolerancia como por apetencia.

 

Yo te recomiendo que llames con antelación y una vez hayas echado un ojo a la carta, preguntes si existe esa opción de hacer un plato a tu gusto.

 

De esta manera puedes controlar más aquello que vas a comer en ese momento. Si por ejemplo ves que en un plato hay de guarnición ensalada y en otro plato hay pasta integral, puedes preguntar si te harían el favor de hacer una ensalada de pasta integral.

 

 

2. Prioriza siempre una dieta basada en plantas.

 

Esto tenlo en cuenta a nivel general… no sólo cuando comas fuera. Pero ya que estamos con esta súper guía aprovecho para insistirte.

Como sabes, soy una fiel defensora de que la base de nuestra dieta deben ser los vegetales. Independientemente de que consumas o no productos de origen animal.

 

Sinceramente, yo he ido reduciendo el consumo de carne y pescado de manera considerable durante este tiempo (porque mi cuerpo me pide otros alimentos) y me noto bien, pero esto es una decisión personal y respetable dependiendo de cada uno.

 

No voy a entrar en debates éticos, toda opción es válida porque cada uno somos libres de decidir qué comer y cuando hacerlo. Esto me lo reservo para otro día, ¿te parece? 🙂

 

Vengo a decirte que priorices siempre los vegetales porque lo que nos aportan es muy interesante a nivel nutricional. Además, en dietas en las que hay como objetivo una pérdida de peso, las verduras ayudan con la sensación de saciedad, tienen una cantidad considerable de agua, aportan fibra, minerales, vitaminas…etc., vamos que son muy completas!

 

Por ello, prioriza los platos que tengan abundantes vegetales (ensaladas, ya sabes que soy fan) o que contengan éstas como guarnición.

 

3. ¿Y para beber?

 

A la hora de hidratarnos muchas veces no tenemos en cuenta las calorías vacías que ingerimos y lo peor es que lo hacemos de manera inconsciente.

 

A la hora de elegir una bebida también hay que ser inteligentes… Yo era de las que bebía siempre un refresco azucarado de lata roja durante la comida.

 

¿Sabes de lo que me dí cuenta cuando poco a poco dejé de hacer esto? Que esta costumbre sólo hacía que hincharme y que no hiciera una digestión adecuada.

 

Las bebidas azucaradas aumentan nuestros picos de insulina y encima a nivel nutricional no es que aporten gran cosa…

 

No digo que de vez en cuando no las consumas, pero sí que tengas en cuenta que no es la mejor opción.

 

¿Entonces cuáles son las mejores opciones?

Sin duda el agua, o las infusiones, incluso el agua con gas o el agua con limón.

 

 

4. La opción del menú

 

Muchas veces comemos de menú porque económicamente sale bastante mejor de precio (así nos incluyen en algún sitio bebida, postre, café…).

Te recomiendo que si eliges esta opción para comer fuera de casa, lo hagas de manera consciente.

¿Qué quiero decir con esto? Pues que si de primero eliges paella, no cojas de segundo un plato de pasta al pesto.

 

Intenta combinar un primero más ligero (ensalada, gazpacho, un puré…) con un segundo plato más contundente (arroz, pasta, pescados o carne…). Y si eliges postre opta mejor por la fruta de temporada (aunque de vez en cuando podemos pecar, no te olvides de eso!).

 

A mí personalmente, me pasa que me cuesta decidirme cuando los platos del menú me gustan mucho, por eso lo que hago es hacer esa combinación de elegir un primero más ligero y un segundo más potente. Y me reservo otros platos para futuras veces que voy.

 

Así no me quedo con la sensación de que me perderé algún plato que también podría gustarme si no lo pido en ese momento.

 

 

5. Come despacio

 

El masticar bien y dedicando un tiempo prudencial nos ayuda en muchos sentidos. Primero, ayuda a que tengamos una digestión correcta.

 

Segundo, damos margen para que las hormonas implicadas en la sensación de saciedad nos alerten de que ya tenemos suficiente alimento (esta sensación suele aparecer a los 20 minutos). Por lo que si comes rápido ingieres más comida sin que te enteres.

 

También es beneficioso para absorber todos los nutrientes que ingerimos.

 

Cuando tomamos conciencia de la comida, somos capaces de disfrutarla más, saboreando cada bocado y descubriendo texturas diferentes. ¿Te acuerdas cuando antes comentaba eso de que comer es un placer? Te aconsejo que lo pongas en práctica y disfrutes de esos momentos.

 

Masticando más, colaboramos con la salivación. Por lo tanto, el estómago no se ve obligado a tener que segregar más jugos gástricos para realizar una correcta digestión.

 

Si encima tu objetivo es perder peso, debes saber que además de colaborar con la sensación de saciedad, masticar despacio permite que los picos de glucosa sean más estables y reducimos la probabilidad de sufrir estreñimiento y retención de líquidos.

 

También quiero que tengas en cuenta que comer rápido se asocia con la ansiedad. Cuando lo hacemos de manera pausada colaboramos con la sensación de relajación y bienestar, de tener en mente que comiendo estamos ayudando a nuestro cuerpo y nutriéndolo con alimentos que le benefician.

 

 

6. Escoge platos simples

 

Cuanto menos te compliques, mejor. Una regla de oro. Volvemos a lo de antes, si escoges platos combinados más pesados a tu estómago le costará más hacer una buena digestión. Si encima tienes que volver al trabajo, cuanto más sencillo sea tu plato mejor podrás rendir luego.

 

Se habla mucho de compensación. Es decir, si en una comida te pasas, por la noche mejor cena algo ligero para contrarrestar los efectos. Bien es cierto que lo que importa al final del día es el consumo total de las calorías que ingieres (y no tanto el momento en el que lo haces).

 

Por ello sí que te recomiendo que aprendas a valorar e intuir qué necesita tu cuerpo para que encuentres el equilibrio en tu alimentación. De normal, si has ingerido una gran cantidad de grasas e hidratos de carbono a medio día, excediéndote de lo que tu cuerpo necesita, lo ideal es que tu cena se base en vegetales y algo de proteína, ¿me explico?

 

 

7. Ojo con los aliños y las salsas

 

En ocasiones pensamos que una ensalada césar es más ligera que una hamburguesa. Siento decirte que no siempre es así.

Todo depende (como siempre). Analicemos los ingredientes de la ensalada César: picatostes (pan frito), pollo (normalmente frito también), queso, lechuga, y la salsa (que normalmente lleva sal, azúcares, leche…).

 

Sin darnos cuenta, estamos “estropeando” un plato aparentemente saludable con una salsa bastante calórica y con el exceso de aceite por el pollo y el pan frito.

 

Por eso intenta que las salsas o los aliños te los sirvan a parte. En muchos restaurantes ponen un exceso de aceite de oliva haciendo el plato más denso nutricionalmente.

Si te lo sirves por tu cuenta siempre puedes tener más control sobre esto y evitar así hacer más calórico un plato sencillo y saludable.

 

 

8. No llegues a la comida principal muerta de hambre

 

¿Te suena eso de que hay que comer 5 veces al día, no? Esto no necesariamente se tiene que cumplir siempre y ni siquiera debería aplicarse a todas las personas. Es más bien una recomendación general y no debería tomarse como una verdad absoluta.

 

Yo sí intento hacer 5 comidas al día pero porque no suelo comer mucha cantidad en las comidas principales y me gusta comer piezas de fruta entre horas, junto con un yogur o unos frutos secos. Pero recuerda, TODO depende de las necesidades individuales de cada persona.

 

En este aspecto influyen estímulos como tu nivel de actividad, tus horas de sueño, el estrés…

 

Por lo que insisto, esa recomendación es a nivel general.

 

¿Por qué entonces comer 5 veces al día? Bueno, en mi caso te cuento que me gusta hacerlo para no llegar hambrienta a la siguiente comida. Si madrugo y no como nada desde el desayuno hasta la hora de comer me mareo o incluso sólo pienso en el momento de la comida principal, lo que hace que llegue a ella con unos niveles de ansiedad elevados.

 

Lo ideal es a mitad mañana tomar un tentempié y así regular esos niveles de ansiedad (y de insulina) para tener energía.

 

Ante todo, no te olvides de tu salud mental. No renuncies a planes con amigos o a comidas de trabajo por querer cuidar tu alimentación y pensar constantemente que hacer dieta es comer aburrido.

 

Sé que a veces soy muy pesada con este tema pero como mi objetivo es que aprendas a comer saludablemente sin necesidad de llevar una dieta estricta y pesada… te lo recordaré tantas veces como haga falta!

 

Si por el contrario, tienes la suerte de poder cocinar tu propia comida la mayor parte del tiempo y de vez en cuando sales a comer o a cenar (como es mi caso), te recomiendo que cuando salgas no te martirices con lo que comes, aprovecha y permítete un capricho.

 

No te castigues por pensar que te estás “saliendo de lo saludable”. Si la mayor parte del tiempo comes adecuadamente y llevas unos hábitos saludables, ¿qué mas da que un día te salgas de eso? DISFRUTA!

 

 

9. Intenta introducir algún día a la semana comida en tupper

 

De esta manera te aseguras, cocinando tú que ese día te llevas algo de casa hecho por ti misma, con los ingredientes que tú has elegido y preparándolo con antelación.

 

Hay millones de ideas que puedes hacer en poco tiempo, y como siempre digo: el día tiene 24 horas, seguro que puedes sacar algún rato para prepararte la comida del día siguiente.

 

Aquí hablamos de planificación, cada uno sabe cuando puede sacar un ratito para entrar en la cocina y dedicarle tiempo a su alimentación.

 

Por eso te propongo esta idea, si ves que es complicado hacerlo todos los días, intenta hacerlo aunque sea uno. Dejo en tus manos esa decisión, tú sabes mejor que nadie qué día se adaptará más a ese pequeño cambio.

 

Recuerda, si esto lo haces durante un tiempo, al final se convertirá en un hábito y cuantas más veces ejecutas una acción, más fácil te será volver a realizarla.

 

 

10. Menú VS Buffet libre

 

¿Cuántas veces has ido a comer a un buffet libre y has comido más de la cuenta? Con la tontería de que hay miles de opciones diferentes, acabas cogiendo un montón de platos y combinando alimentos que de otra forma no tomarías en la misma comida.

 

A mi me ha pasado ver en mi plato una combinación de patatas fritas con pizza y macarrones! Pero si lo piensas bien estos alimentos juntos son una bomba…

 

Andas, ves comida apetecible, das otra vuelta… en resumen: comemos por los ojos.

 

En la opción del menú sabes que la comida que ingieras es la que hay, no podrás levantarte las veces que quieras a repetir plato o a seguir probando diferentes combinaciones.

 

Por todo esto te aconsejo que mejor elijas restaurantes donde haya un menú cerrado antes que un buffet. 

 

 

CONCLUSIÓN

 

Las veces que vayas a comer fuera de casa, ya sea por trabajo, obligaciones sociales, etc., intenta ser consciente de lo que comes. Piensa que la industria muchas veces nos manda mensajes contradictorios. Porque les interesa que consumamos determinados productos.

 

Aprende, te animo a que investigues por tu cuenta. A mí también me gusta tomarme un creppe con nutella, ¿a quién no?. Pero no voy a comprar “nutella 0% azúcares añadidos” o “nutella light” para tranquilizar a mi conciencia pensando que es saludable.

 

Con esto vengo a decirte que intentes comer lo más limpio posible (ya sabes, pocos ultraprocesados y que sean de calidad, comida natural, de mercado de toda la vida, que te bases en los vegetales, frutas, hortalizas, legumbres…). Y que te des tus caprichos DE VERDAD, pero  sabiendo que son caprichos.

 

Te animo a que te metas en la cocina, a que pruebes a cocinarte tu comida y que si comes en restaurantes aprendas a elegir con cabeza.

Ya sabes que me encanta leerte en los comentarios y compartas tu opinión conmigo.

¡Te espero allí!

 

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