Dudas, exceso de información, contradicciones constantes, falta de tiempo…

 

Hay muchísimos bloqueos al inicio de un cambio importante en nuestras vidas, sobre todo en el cambio de un estilo de vida.

En psicología manejamos mucho el término “resistencia al cambio”, ¿te suena?

 

La resistencia al cambio es una estrategia que tiene nuestro cerebro para precisamente evitar que suceda.

 

Me explico. El cerebro es el rey de nuestro cuerpo, el que lo gestiona y lo controla absolutamente todo. Cosas de las que somos conscientes y de las que no.

 

Al tener que estar en constante funcionamiento, necesita que aquellas cosas que hacemos de manera voluntaria sean lo más sencillas posibles. Por eso, cuando muchas veces repetimos un acto, lo acaba automatizando y se acaba formando un hábito.

 

¿Qué ocurre? Que con los actos automáticos, o los hábitos, los hace sin un gran esfuerzo, sabe que toca hacer eso en ese momento y directamente lo hace. Para no malgastar energía. El cerebro es sabio y sabe perfectamente en qué debe gastar energía.

 

Te pongo un ejemplo. Con el tema de conducir un coche, al principio cuando aprendemos, toda nuestra energía está centrada en hacer una buena conducción, pendiente de todos los otros coches, de cuando cambio de marcha, etc. ¿Qué pasa cuando ya aprendo y siento confianza? Que lo hago de manera automática. Tanto, que a veces incluso no soy consciente del camino que recorro.

 

Cuando llego a mi destino y me bajo del coche, automáticamente lo cierro y no soy consciente de este acto tampoco.

 

De hecho, ¿no te ha pasado que te alejas del vehículo y de repente te viene un pensamiento de “habré cerrado el coche?

Te confesaré que a mí en más de una ocasión me ha tocado volver al sitio donde lo he aparcado para comprobarlo…

 

Así que, hay que tener en cuenta que el cerebro necesita un equilibrio y un orden para funcionar de manera adecuada, y cualquier tipo de cambio digamos que no le viene bien.

 

Pero no pasa nada, su poder de aprendizaje es tan grande que se acaba acostumbrando.

 

De primeras, normalmente aparece la resistencia que te comentaba, para que no desestabilicemos todo lo aprendido. Pero el cerebro no sabe realmente si lo que hacemos es lo ideal o si por el contrario podríamos adoptar nuevas actitudes más favorables.

 

Así que aquí tienes que ser tú la que luche por ello y encuentre la manera de convencer “al rey de nuestro cuerpo” de que lo que vamos a hacer es bueno para él también.

 

También hay un componente de miedo, por el propio desconocimiento y el cambio de hábitos. Seguro que te suena la frase “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. No me gusta nada y no estoy para nada de acuerdo.

 

Pensando de esta manera nos conformamos con lo que ya tenemos, y yo siempre intento buscar mi mejor versión. Por lo que considero que es súper importante seguir investigando y aprendiendo, durante toda la vida.

 

Quería hablarte sobre cómo empezar a cuidarte no es más que un análisis de tu propia situación y de un compromiso contigo misma que va a durar para siempre.

 

Me gusta hablar de salud desde el punto de vista de que ésta no es sólo la ausencia de enfermedad.

 

Estar sano supone muchísimo más que eso. Por lo que creo que debemos ser nosotros los que busquemos la manera de conseguirlo.

 

Nadie nos enseña. Nadie nos dice cómo empezar y qué supone cuidarnos. Pero te aseguro que el resultado merece la pena.

 

Yo misma tracé mi propio camino, con mis aprendizajes, mis fallos, mis momentos malos. Pero el cual no cambiaría (lo único es que me habría encantado tener un ejemplo o un modelo de cómo podría empezar).

 

Porque aquí lo difícil no es empezar… sino mantenerlo.

 

Creo que alguna vez he contado mi historia, y mi experiencia sobre cómo he conseguido estar tan feliz con lo que soy ahora mismo.

 

En redes sociales solemos mostrar siempre la parte positiva, pero detrás hay una realidad que también tiene sus puntos negativos, una realidad que no queremos mostrar a los demás.

 

Mucha gente vive atrapada en el refuerzo de los demás, del qué dirán y de agradar constantemente. ¿Pero qué pasa contigo en realidad? ¿has investigado en tu interior y has identificado cómo te sientes realmente?

 

Primeros pasos

Cuando tú misma identifiques que estás lista para dar el paso, lánzate y prueba.

También te digo que nunca hay un momento perfecto para empezar:

  • “Ahora no que vienen navidades”
  • “Mejor a principios de mes porque ahora no me viene bien”
  • “Como propósito de año nuevo”
  • “Tengo 2 bodas este mes y no voy a poder seguir una alimentación saludable”

 

Esto es como todo, tú decides, siempre van a existir imprevistos y momentos “malos”. Pero realmente no hay un momento adecuado para empezar. Simplemente es lanzarse a la aventura.

 

1. Ponte tu traje de investigadora.

 

Con esto me refiero a que optes por una actitud de “probar”. Nada es bueno o malo. Todo depende del contexto y del uso que hagamos de ello.

 

No tomes las recomendaciones que se hacen a la población general como tu verdad absoluta. Tú eres tú, y lo que les viene bien a otros no tiene por qué repercutir de la misma manera en tu cuerpo.

 

No te creas todo lo establecido, compruébalo por ti misma.

 

Hace unos meses, decidí probar salir a andar a paso ligero 40 minutos nada más despertarme. En ayunas.

 

Mucha gente dice que es mejor, que aceleras el metabolismo. Así que dije, Candela, ponte tus zapatillas de deporte y sin ninguna expectativa sal a andar. Hazlo para ver cómo te sienta a ti. Después de dos semanas saliendo todos los días, decidí dejarlo. Porque cuando volvía me sentía muy mareada.

 

Como ves, a mi cuerpo no le vino bien eso que mucha gente comentaba de hacer algo de ejercicio en ayunas. Y como yo misma lo comprobé, ahora se que prefiero hacer deporte después de haber comido algo y de tener mi dosis de energía.

 

Lo mismo pasa con los alimentos. Hay gente que prefiere tomar platos más fuertes en hidratos de carbono a la hora de comer, y otras personas que prefieren a la hora de cenar. ¿Qué problema hay? Si su decisión está basada en su propio ritmo de vida y es lo que les sienta bien…

 

2. Ponte expectativas realistas.

 

Yo soy la primera persona que sueña a menudo. Por mi mente pasan un montón de cosas que me gustaría aprender, experiencias que me gustaría vivir… Muchas veces me imagino a mí misma dentro de unos años, llevando la vida que quiero tener. Me gusta ser así, pero también debo admitir que soy realista.

 

Dentro de las posibilidades que tenemos, podemos aportar una dosis de realismo y otra de sueños.

 

Bien es cierto que un sueño sin un plan de acción y una actitud proactiva no es más que eso, un sueño.

 

Pero cuando nos proponemos llegar ahí de verdad y trazamos un plan, luchamos por ello hasta que lo conseguimos. Obviamente el camino no siempre es fácil, y la vida nos pone obstáculos (ojo, de los cuales podemos sacar un montón de aprendizajes).

 

Nosotros somos los responsables de hacer de esos obstáculos una lección de vida, para seguir adelante y no tropezar con la misma piedra.

 

Aunque creo que hay que ser soñadores y no perder esa esencia de niños, hay que trabajar para conseguir lo que nos propongamos, y eso será más fácil si nos ponemos expectativas ajustadas a la realidad de cada uno.

 

Por mucho que yo quisiera hacer una maratón y sueñe con ello, sino me preparo bien para conseguirlo no lograré ese objetivo.

 

De ahí lo de ajustar nuestras expectativas. Marcarnos aquellas que podamos cumplir (que nos cuesten un poquito de trabajo, pero no algo exagerado). Lo demás irá llegando…

 

3. Planifícate

 

Nada como tener un horario. Ya desde pequeños nos marcan las asignaturas y las horas de clase. Y eso es para darnos un orden en nuestro día y tener tiempo para aprender de todo un poco.

 

Seguir un horario nos permite cumplir con todos nuestros deberes. Pero también debemos dejar un tiempo para atender a nuestros objetivos y dedicarme a ellos.

 

Sólo siendo constante alcanzaré lo que me proponga. Y si me planifico para ello, muchísimo mejor. Así no dejo en manos del azar el hecho de llevar a cabo mis objetivos, sino que tengo un compromiso conmigo misma, el cuál yo misma marqué en mi horario.

 

Planifica también tus menús semanales. Y dedica tiempo en la cocina para llevarlos a cabo. Haz tuppers y guárdalos en la nevera para que se mantengan hasta que lo consumas el día de la semana que has previsto.

 

De esta manera no dejas en mano de lo que te apetece comer en ese momento, sino que ya has hecho previamente la comida y en tu menú pone que hoy toca eso en concreto.

 

4. Nunca es tarde para empezar.

 

No pienses que hay un momento justo en el que es mejor empezar. Muchas personas deciden cuidarse porque su médico les ha dado un ultimátum, y no les queda otra porque su salud está en juego.

 

Lo ideal sería que para prevenir ese momento, decidiéramos dar el paso antes. Para que el médico en vez de esas palabras nos comunique que todo está bien.

 

El estrés, los malos hábitos, el ritmo de vida que llevamos… son factores que afectan negativamente a nuestra salud. Y justamente la alimentación, que es algo que decidimos cada uno personalmente cómo llevarla, creo que debería ser un aspecto que nos beneficiase y no fuese en contra nuestra.

 

Me explico, si comer es un acto que depende de mí exclusivamente, ¿por qué no comer lo que mejor le viene a mi cuerpo?

 

Dejando momentos también para darnos nuestros caprichos y disfrutar de una buena comida con la familia, una cena con amigos…

 

Pero es una realidad, por motivos de salud, es importante priorizar un cambio de hábitos, que me lleven a encontrarme mejor conmigo y con mi entorno.

 

5. Vigila las porciones

 

Haz las comidas que tú quieras, repartiendo las calorías necesarias que tu cuerpo necesita de una manera equilibrada.

 

Hay gente que prefiere comer 3 veces al día, gente que prefiere comer 5 o incluso 1.

 

¿Qué es mejor? Lo que a ti te venga bien. Con la que te sientas a gusto. Eso sí, aprende a controlar las porciones de comida, porque muchas veces se nos va de las manos y estamos ingiriendo más o menos de lo que nuestro cuerpo necesita.

 

La alimentación es una parte importante en la adquisición de hábitos saludables. Así que aprendamos a escuchar a nuestro cuerpo y darle lo que necesita, ni más ni menos.

 

6. Trabaja tus emociones

 

Como psicóloga, es una de los aspectos que considero más importante.

 

Las emociones pueden llevarnos por el buen o por el mal camino. Una mente trabajada y fuerte permite tener una autoestima estable, unas relaciones con mi entorno sana, una manera de verme a mí misma como alguien única e irrepetible, alguien que no se compara, que no se mete prisas por conseguir lo que se propone…

 

Si encontramos las estrategias para trabajar todo esto, mi mente se mantendrá tranquila, sana y con ganas de conseguir lo que me proponga.

 

Exigirnos más de lo que podemos hacer es un error muy común. Al ser la parte emocional y nadie enseñarnos desde que somos pequeñitos, no detectamos las señales que nuestro cuerpo y nuestro cerebro nos mandan para que paremos. 

Pero… ¿A que si te doliera mucho el hombro no te pondrías a hacer 4 km nadando?

 

El dolor emocional tiene mucho más poder sobre nosotros. Y tiene una repercusión en nuestro cuerpo, en nuestra manera de alimentarnos y relacionarnos con la comida.

 

 

Empieza hoy el camino saludable que quieras mantener para siempre.

¿No sabes por dónde empezar? Quiero ofrecerte la solución para este problema. Por lo que he creado mi primer curso formativo online.

El lunes 12 de noviembre saldrán las plazas para acceder a él. No hay muchas porque quiero estar pendiente de las personas que lo realicen y poder hacer un buen seguimiento.

Así que te animo a que te apuntes rápido! y si quieres reservar tu plaza para asegurártela me mandes un correo :).

Te invito a dejar algún comentario, me encantará leerte. 

 

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